Pabellón de Artega: la familia que elegí
May 24, 2026
Vengo de un rancho. Lo sé porque en la secundaria me levanté un día, abrí mi ventana, y el pasto lo consumía un borrego. El pueblo del que vengo se llama Pabellón de Arteaga, que es un municipio del estado de Aguascalientes. El lugar es particular debido a que es un municipio con una historia reciente. El pueblo se fundó en 1929 y fue resultado de la necesidad de transportar los materiales para construir la presa Calles. La presa Calles fue un proyecto del gobierno federal, y uno de los primeros proyectos de riego en el país depués de la revolución mexicana. Por esta razón, la historia de Pabellón está relacionada con la revolución—como lo muestra la celebración de nuestra feria. Hay que considerar también que la construcción de la presa se llevó a cabo bajo el gobierno de Plutarco Elías Calles, de ahí el nombre que la presa ostenta.
Ese lugar era monte. Sólo habia un asentamiento de ferrocarril—de la Ciudad de México a Ciudad Juárez,—que se usaba para descargar herramientas, máquinas y materiales que serían transportadas al punto de construcción de la presa. La construcción del proyecto duró, y con los materiales y herramientas llegan también los trabajadores. Los trabajadores del proyecto tuvieron que permanecer, por lo menos, el tiempo que duró la construcción—de 1926 a 1931,—y por ello, asentaron un campamento. Este campamento fue el que terminó creciendo lo suficiente para que en 1929 se fundara Pabellón de Arteaga.
Hay dos factores que quiero resaltar en torno a la construcción de la presa. Primero, que haya sido un proyecto federal, implica que participaron diferentes escaques de la sociedad laboral mexicana. Desde administradores, dueños de empresas de materiales, trabajadores de la construcción, trabajadores con licencias para operar máquinas, ingenieros, y todo lo que implica un proyecto masivo en un lugar semiárido cualquiera con sólo un asentamiento de ferrocarril. Fueron estos grupos laborales los que comenzaron a poblar el campamento que se convertiría en Pabellón de Arteaga.
El segundo factor depende de la culminación del proyecto. El campamento original de los trabajadores se enriqueció de la fuerza laboral de los sectores agropecuarios. Es decir que al conjunto de trabajadores de sectores privados y públicos que se asentaron en el campamento, se sumaron diferentes fuerzas de trabajo como agricultores, ganaderos, veterinarios, etc. Además hay que sumar que en algún punto del tiempo entre la fundación del pueblo y la guerra civil española, por azares del destino, llegaron refugiados españoles a Pabellón. Es a partir de ahora que este escrito y la historia de Pabellón se vuelven personales.
Para entrar en temas personales, quiero comenzar diciendo que dichosamente me topé con esta imagen que es un croquis dibujado por el ingeniero Arregui del campamento que dio origen a mi puieblo. Esta imagen está tomada de la página del municipio—que el próximo encargado de sistemas debería actualizar en su tiempo libre.

Parece ser que si quieren ver la libreta física, la pueden encontrar en el archivo histórico ‘Casino de la Selva,’ que se encuentra muy cerca de un departamento hermoso que tuve el privilegio de rentar durante un periodo considerable de tiempo. Cerca de ese departamento venden además un café delicioso. Lo que le da al lector dos razones para visitar mi pueblo: el archivo histórico y el café.
Adoro Pabellón de Arteaga. Cuando digo que vengo de un rancho, lo digo con mucho orgullo. Lo digo orgullosamente y en voz alta, especialmente ahora que no vivo en ese lugar. Vivo ya hace varios años, de manera intermitente, en la Ciudad de México, y a pesar de que puede ser una ciudad que se dice tolerante, debo confesarles que los capitalinos son ligeramente xenófobos, xenofobia que he disfrutado en carne propia con los comentarios cómicos que distinguen a la población capitalina.
Si contrasto la actitud de los capitalinos con la actitud de mi rancho, debo decirles que en mi pueblo somos sin duda más tolerantes y me parece que una razón de nuestra tolerancia (no me malentiendan, la tolerancia de los pabellonenses no es infinita) se debe a la diversidad de grupos y personas que se asentaron durante la construcción de la presa Calles y los grupos que fueron incluyéndose a lo largo de la historia del pueblo.
La historia de Pabellón es personal porque es en Pabellón de Arteaga donde están mis amistades más duraderas. Las personas que considero más cercanas en mi vida son personas con las que he coincidido en ese pueblo. Estas personas conforman la familia que elegí. Creo además, que muchas de estas personas opinarían exactamente lo mismo: que en Pabellón de Arteaga solemos ser más tolerantes que en otros municipios del estado. No somos la Suiza del sur, pero en la familia que elegí, hay personas que creen en la tolerancia que nace de un pueblo con origen diverso y me doy el gusto de encomiar las buenas cualidades que tienen los oriundos.
El contraste entre la Ciudad de México y mi pueblo, me sirve tambien para hacer un par de confesiones. La primera es que yo tambien soy ligeramente xenófobo—algo se me tenía que pegar de la ciudad en la que viví el tiempo que duró mi posgrado. Me queda clara mi xenofobia porque tengo un problema con los españoles. Esto no es sorpresa para quienes me conocen personalmente, ya que continuamente hago comentarios despectivos sobre la sensación de superioridad que detecto asumen algunos de los vistitantes de la vieja corona cuando llegan al país. La segunda confesión es que para ser un fulano que viene de un rancho, he tenido el privilegio de conocer personalmente a muchos españoles y confieso que mi tolerancia pueblerina termina cuando son ellos los que tienen la carga de la prueba.
Para aclarar a qué me refiero, basta con notar los comentarios de Isabel Díaz Ayuso en su reciente visita al país. Quiero que el lector considere los comentarios de la presidenta y los evalúe como se le antoje. Sin pretender hacer una generalización apresurada, las creencias de Ayuso—reflejadas en sus comentarios y actitudes—son creencias compartidas por muchos de los españoles a quienes he tenido el gusto de conocer personalmente.
Quiero que el lector considere también que Pabellón es parte del estado de Aguascalientes y que el estado tiene un municipio homónimo. Fue el ayuntamiento del municipio de Aguascalientes quien le entregó la llave de la ciudad a Ayuso. Personalmente el evento me causa risa. No sé que más podemos hacer con los comentarios y actitudes de Ayuso. Su ingerencia política es nula. Pero algo que sin duda diferencía a los pabellonenses de los hidrocálidos, es que los pabellonenses—al menos la familia que elegí—cuestionarían la amabilidad que le mostró el ayundatmiento de Aguascalientes a la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Debido al evento promocionado por el gobierno de Aguascalientes municipio, he disfrutado y he aportado verbalmente a los comentarios cómicos (que distinguen a los capitalinos) respecto de la visita de Ayuso. Es por esta razón que ahora debo hacer la aclaración de que no soy de Aguascalientes, sino de Pabellon de Arteaga.
No intento hacer generalizaciones apresuradas, pero me consta que algunas de las creencias expresadas por Ayuso son creencias que comparten los hidrocálidos—reflejadas en sus comentarios y actitudes. También deben concederme que las creencias de Ayuso son creencias que comparten muchos de los turistas que nos visitan de la vieja españa. Sólo puedo especular que si estas creencias son compartidas por tres grupos variados, debemos echarle la culpa a la cultura española, lo que sea que eso signifique.
Para intentar capturar lo que quiero decir con cultura en cultura española (en contraste con cultura mexicana, por ejemplo), es que mis creencias—reflejadas en mis comentarios y actitudes—fueron influenciadas por la historia de Pabellón y la familia que elegí. Esto es, de las cualidades que admiro de mi familia. Pero también influyen en mis crencias los comentarios y actitudes de la familia que no elegí.
A menos que alguien defienda la tesis del determinismo causal, claramente fue azaroso que ese grupo de trabajadores terminara fundando Pabellón de Arteaga. También es azaroso haber nacido en la familia que me tocó y, por tanto, muchas de mis creencias se deben en parte a la familia que no elegí. Nadie jamás tendrá voto para influir en la decisión de dónde le toca nacer.
La historia de Pabellón y el contraste con Aguascalientes municipio es personal, porque mi abuela llegó al pueblo como parte del grupo de refugiados españoles que se asentaron durante el periodo de la guerra civil. México les dio refugio y algunos de ellos llegaron a mi pueblo de origen. Soy oriundo de Pabellón de Arteaga y un descendiente de ese grupo de refugiados. Espero que sea obvia la ironía que constituye esta situación. Juro que no tengo la habilidad necesaria para compartirle al lector la comicidad del asunto
El punto es que, así como mi personalidad está obviamente influenciada por la cultura pabellonense—el lugar donde nací y me desarrollé la mayor parte de mi vida,— y que se ven reflejadas en las actitudes que admiro de la familia que elegí, también forma parte de mi desarrollo como persona el azar involucrado en la conformación del campamento que se convirtió en Pabellón. Algo que sin duda no elegí. Esto significa que mis creencias dependen también de las actitudes de la familia que no eligí. La diferencia importante, insisto, es que yo participé activamente en una, la otra sólo me fue impuesta.
Si mis reencias están conformadas tal como he descrito hasta aquí, esto es, bajo el marco de las actitudes de la familia que elegí y de la familia que no elegí, lo único que realmente podemos decidir es cuáles creencias manetener. Viví mucho tiempo con mi abuela y puedo asegurar que compartía algunas de las creencias de Ayuso. El problema con manener estas creencias es que, si todo lo que he dicho es verdad, ya duraron bastante: por lo menos desde mi abuela al día de hoy. Es por estas razones que mi ascendencia no está relacionada con mi xenofobia: la xenofobia vino a parte, diría que después.
La familia que elegí tiene otra cualidad que admiro: la de hacer muchas preguntas. Considero que en muchas ocasiones exageran esa cualidad. Confieso que es molesta. Yo la tengo, pero eso sin duda viene de mi profesión. Pero admiro esa cualidad porque no sólo cuestionarían la amabilidad mostrada por Aguascalientes municipio, sino que se cuestionarían si sus creencias se ven reflejadas en los comentarios y actitudes de Ayuso. A pesar de que no podemos evaluar nuestras creencias una a una, que es la moraleja que deberíamos extraer de las Meditaciones Metafísicas, no cabe duda de que la habilidad de evaluar nuestras creencias es necesaria en tiempos donde debería existir la cohesión social y el cuestionamiento continuo de las doctrinas. Debo confesar que algunas personas de la familia capitalina que elegí son sumamente dogmáticos y esto nos sobra a los pabellonenses.
Comencé con un esquema de lo que fue la historia de Pabellón de acuerdo a lo que he tenido acceso. Les toca a los historiadores hacer una investigación seria en el archivo histórico. Yo personalmente no he podido ir a mi pueblo en algunos meses y no podré ir pronto ahora que se va terminando el semestre.
Deberían visitar Pabellón. Como pabellonense, debo confesarle al lector que la historia del pueblo no está reflejada en monumentos a figuras históricas nacionales, o sobre restos arqueológicos llamativos para los turistas. Pero esto sólo se debe a que la historia del pueblo es reciente en términos históricos. La historia y la cultura del pueblo se ve más reflejada en las historias personales y la tradición familiar. Si quieren ponerle un nombre simple, somos chismosos. Además digo ‘familiar’ en un sentido bastante amplio, porque en las historia reciente tenemos luminarias. De quienes conozco personalmente: un comediante exitoso, personas que salieron del estado a buscar una mejor educación para hacer una carrera académica, una nutrióloga a la que le hicieron una entrevista reciente, mis amigos agricultores que con su esfuerzo y el de la tierra generan los sagrados alimentos, quien en un futuro será el próximo encargado de sistemas, personas que han trabajado en empresas tecnológicas líderes en el mercado, personas que diseñan sistemas industriales más eficientes, personas que curan el cerebro, una persona que entrevisto a la mismísima Alexandra Elbakyan (fundadora de Sci-Hub).
Si algo quiero que me distinga de la familia que no elegí, porque era inconsistente con lo que aprendí y admiro de la familia que elegí, es la habilidad de ser amable. Mejor expresado por tricot ‘gentleness is my only strong suit.’ Intento paracticar día con día, aunque algunas veces sin éxito. Espero ir pronto a compartir mesa con amigos, para discutir qué creencias debemos modificar, cuáles debemos eliminar, y cuáles debemos mantener, y espero que este escrito le dé al lector muchas razones para visitar Pabellón de Arteaga.